Sociedad

El espacio como nuevo escenario para la investigación: El IBiS acerca la biomedicina a los desafíos de la exploración espacial

  • Las dos charlas pusieron en valor el conocimiento generado en los laboratorios como herramienta para afrontar los desafíos de los entornos más extremos conocidos.

De izquierda a derecha: Fernando Gómez Herreros (investigador del IBiS), José Cañón Campos (gerente del IBiS y FISEVI), Juan José Toledo Aral (investigador del IBiS), Juana Norte (técnica del Ayto. de Sevilla en el consorcio Sevilla Capital Espacial), Alberto Pascual Bravo y Diego García González (investigadores del IBiS). | Unidad de Comunicación y Divulgación FISEVI/IBiS


Sevilla, 14 de octubre de 2026


El Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBiS) se sumó a la celebración de la Semana Mundial del Espacio 2026 con dos conferencias divulgativas que pusieron el foco en algunos de los mayores desafíos biológicos que deberá afrontar la humanidad si aspira a extender su presencia más allá de la Tierra. Bajo el marco de la iniciativa Sevilla Capital Espacial Española, investigadores del centro analizaron cómo el entorno espacial afecta a nuestro organismo y qué soluciones podría ofrecer la propia naturaleza para hacer posible la exploración de larga duración.

La jornada, celebrada en el Salón de Actos del IBiS, contó con las ponencias: “Hibernar para sobrevivir: lo que el hámster sirio nos enseña sobre el cerebro”, impartida por los Dres. Diego García González y Alberto Pascual Bravo, y “El impacto del entorno espacial sobre nuestro genoma”, a cargo del Dr. Fernando Gómez Herreros.


¿Cómo sobrevivir a los viajes espaciales del futuro?

La primera conferencia abordó uno de los grandes retos de la exploración espacial: la viabilidad biológica de las misiones de larga duración. Aunque la física no impide viajar a otros sistemas solares, las limitaciones actuales de la propulsión, la autonomía de las misiones y, especialmente, la biología humana, representan obstáculos considerables.

Los investigadores explicaron cómo el cuerpo humano no está preparado para permanecer durante décadas en el espacio. La radiación cósmica, la pérdida de masa muscular y ósea, las alteraciones inmunológicas o los cambios neurológicos asociados a la microgravedad constituyen riesgos que se agravan conforme aumenta el tiempo de exposición. En este contexto, la hibernación artificial emerge como una posible estrategia para futuras misiones espaciales. Reducir el metabolismo permitiría disminuir el consumo de recursos, limitar algunos efectos fisiológicos adversos y facilitar desplazamientos mucho más prolongados. Estudios impulsados por la NASA han explorado esta posibilidad, aunque todavía es necesario comprender mejor los mecanismos biológicos que la hacen posible. El modelo de estudio elegido es el hámster sirio (Mesocricetus auratus), un mamífero capaz de entrar en estados de letargo (torpor) de forma espontánea y controlada. Este animal permite analizar cómo el cerebro, el sistema inmune y otros tejidos logran resistir condiciones extremas y recuperarse posteriormente sin daños aparentes.

Las investigaciones presentadas profundizaron en fenómenos como el hipometabolismo celular, la plasticidad neuronal en general y la neurogénesis en particular, y en los posibles mecanismos neurales que controlan la entrada y salida del torpor, conocimientos que podrían resultar esenciales para diseñar futuras tecnologías biomédicas aplicadas a la exploración espacial.


El espacio como laboratorio para estudiar nuestro genoma

La segunda conferencia trasladó la atención al nivel molecular para analizar cómo el entorno espacial afecta directamente a nuestro ADN. Según explicó el Dr. Fernando Gómez Herreros, nuestras células sufren de manera continua daños en el material genético y disponen de sofisticados mecanismos de detección y reparación para mantener la estabilidad del genoma.

Uno de los principales problemas para los seres humanos fuera de la Tierra es la exposición a radiaciones ionizantes procedentes del Sol y del espacio profundo. En nuestro planeta, la atmósfera y la magnetosfera actúan como barreras protectoras, pero esta protección disminuye drásticamente durante las misiones espaciales, aumentando el riesgo de daños genéticos y enfermedades asociadas. Se mostró cómo estas radiaciones pueden alterar la estructura química del ADN y generar lesiones que, si no son reparadas correctamente, pueden desembocar en mutaciones, envejecimiento celular, enfermedades degenerativas o cáncer.

Además, se repasaron ejemplos de organismos extraordinariamente resistentes a la radiación, desde bacterias capaces de sobrevivir a dosis extremas hasta tardígrados, llamados comúnmente osos de agua, y otros animales con mecanismos biológicos que protegen o reparan su material genético con gran eficacia. Estos modelos naturales podrían inspirar futuras estrategias de protección para astronautas en viajes de larga duración.


Ciencia biomédica para la exploración del futuro

Estas conferencias pusieron de manifiesto el papel de la investigación biomédica en la conquista de nuevos horizontes espaciales, ya que comprender cómo proteger el cerebro, preservar los tejidos y mantener la estabilidad del genoma son tan importantes como desarrollar nuevos sistemas de propulsión o tecnologías de navegación por el espacio.

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Para más información:

Juanjo Mariscal González

Marta Castilla Martínez

Unidad de Comunicación y Divulgación

InstitutodeBiomedicinadeSevilla - IBiS

Fundación para la Gestión de la Investigación en Salud de Sevilla - FISEVI

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